domingo, 10 de febrero de 2008

A la dueña del hombre prestado

Te miré y me miraste... aunque nunca antes nos habíamos visto, nos bastó algo más que medio segundo para reconocernos y presentirnos (innegable sexto sentido que toda mujer lleva por dentro).

Perturbadora sensación femenina, confirmación mutua (aún sin prueba objetiva) que estábamos frente a esa fantasmal presencia, por tantos meses intrusa en nuestras vidas. Ambas supimos de inmediato que SI... que aquella mujer que teniamos enfrente era ella... eras tu, era yo... como sea... era la otra.

Sostuve tu inculpadora mirada por un momento, y luego con paso decidido, seguí mi camino de largo, dejándote atrás para siempre.

Allí te quedaste mujer... sumisa y vencida... esperando por él para rogarle una vez más que lo volvieran a intentar, que aún había amor, que valía la pena, que la historia de ustedes no se podía terminar, que hicieran el esfuerzo, para que ninguna otra nunca más los volviera a separar... bla, bla, bla. Las promesas se las lleva el viento.

Yo volví a dormir tranquila, liberada, completa... en paz.

Renuncié a audicionar para protagonista de este drama. Te dejé "dueña absoluta"... del papel de la mujer suplicante que yo me niego volver a interpretar.

Reconocí hace tiempo que tomé a tu hombre prestado. Créeme... pagué con creces semejante atrevimiento (justicia divina que le dicen)... hasta ahora me hago cargo de esa factura. Si te consuela, piensa que aún hoy recibo mi castigo.

Te pediría disculpas, de no ser porque me quedé con la certeza de que nunca fui la verdadera razón del final entre ustedes. Quizás aún ahora te sea doloroso comprenderlo, pero antes que yo llegara a su vida, él ya no estaba para ti... acéptalo, siempre sucede así, realmente nunca es culpa de la otra.

Yo me fui de allí (de él, de ti, de esa historia). Lo dejé contigo, deseé de verdad que fueran felices juntos (mi forma de reinvindicarme); sin embargo, él decidió irse de ti unas pocas semanas después. Dizque a buscar su norte, su paz y su razón .

¿Entiendes a lo que me refiero mujer?, en esta historia solo hubo un ganador...

Ni tu ni yo.

3 comentarios:

El Doc dijo...

Alguna vez, creo, te dije así sería el final de esta historia. Al menos, saliste de ella sin más rasguños que los del pasado, caminando de frente, hacia un lugar en donde los hombres no sean prestados ni los dramones, algo del día a día.

Romy dijo...

Mi querida Nina, a veces ni ellos ganan. Solo se enfrascan en el pasatiempo que resulta la que se queda. Es bueno tener dignidad para irse con la cabeza en alto, sabiendo que de vez en cuando una comete errores, porque la vida es así. Lo importante es mirarse a una misma, reconocerse y darse cuenta que lo que creías que tenías al lado no era lo que tu pensabas (porque ni siquiera merece ser el suelo que pisas)

la otra mu dijo...

tu sabes q tengo una historia parecida a la tuya... aún quedan huellas de eso, pero de aprendizaje.
en estas cosas no hay ganadores ni perdedores.
q bueno q estes tranquila
un beso